Unión Europea | Trileros y un pan con dos tortas en el Consejo Europeo – El Salto


“Un acuerdo es esencial. Ahora es el momento”. Con estas palabras convoca Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, a los jefes de Estado y Gobierno de los 27 a la cumbre que empieza hoy. Aunque en realidad será un arranque meramente oficial. Porque oficiosamente la cumbre lleva en marcha ya varias semanas en las que cada jugador ha movido sus fichas como mejor ha podido, sabido o querido en ese tablero del Risk que es la política comunitaria. Hoy empieza la partida oficial. Apenas queda tiempo y sí muchas diferencias. Así que llega la hora de la política cruda y dura: toca ver cuál es el estado real de las correlaciones de fuerzas y de las capacidades de negociación, influencia e imposición de cada parte.

Esta vez ya no vale la clásica salida “a la europea” cada vez que hay un bloqueo en el Consejo: cerrar en falso con un acuerdo de mínimos tendiente a cero y posponer la decisión a una futura e incierta nueva reunión. Aunque también es un secreto a voces que los dos días previstos para esta cumbre podrían alargarse hasta el domingo y muy probablemente a una segunda sesión extraordinaria a finales de mes. En cualquier caso, si no es entre hoy y mañana, será en los próximos días cuando por fin sepamos cuánto había de farol y cuánto de envite en el debate que ha pivotado buena parte de la discusión europea estos últimos meses.

Pedro Sánchez se juega mucho más que volver con un saco de euros o de deudas para la cíclicamente en crisis economía española: se juega el pretendido nuevo papel de España en la UE

Pedro Sánchez se ha dedicado a hacer una gira de pretemporada para preparar esta particular Eurocopa. Después del batacazo Calviño, se juega mucho más que volver con un saco de euros o de deudas para la cíclicamente en crisis economía española: se juega el pretendido nuevo papel de España en la UE, que por ahora solo ha sido papel mojado tras el reparto de carteras de la nueva Comisión y el Waterloo del Eurogrupo. Y, de rebote, su credibilidad y fortaleza de vuelta al ruedo estatal. Sánchez busca en Bruselas lo que no ha encontrado en Galicia ni en Euskadi y que por ahora solo el barómetro del CIS parece otorgarle.

Pero no es el único que ha preparado su terreno. El martes los ministros de Exteriores del Grupo de Visegrado se daban un paseo en barco por el Danubio, reforzando un frente común que tiene a VOX como aliado hispano y que añade un elemento más de complejidad a la falaz brecha Norte-Sur que según algunos divide a Europa. Como si el muy y mucho español PP de Casado no hubiese votado hace un mes en el Parlamento Europeo lo mismo que las derechas neoliberales de los países (también falazmente) conocidos como “frugales”, mientras las izquierdas de Norte y Sur hacían frente común sin mirarse el pasaporte.

Pero más allá de lo que se negocie en este Consejo, cualquier fondo de reconstrucción europeo se topará con un doble corsé: el semestre europeo en concreto y la gobernanza económica de la UE en general. Ninguna de las dos son una cadena inamovible, sino, como casi todo, cuestión de correlación de fuerzas. Pero si ya es difícil que, transitoriamente y movidos por la excepcionalidad pandémica, algunos países y dirigentes traguen estos días con un plan de reconstrucción con unas condiciones potencialmente “menos malas”, lo que nunca aceptarán será tocar la arquitectura económica de la UE realmente existente. Y por ahí podemos empezar a entender el techo del famoso plan de recuperación post-Covid y el suelo movedizo de las promesas y palabras bonitas que hemos escuchado estas últimas semanas. Ojo que se viene un show de trilerismo de primera. Recapitulemos y aterricemos.

Hace un par de meses todo el debate se centró en los famosos “eurobonos”. Había unos países buenos muy buenos que querían mutualizar los gastos excepcionales que se derivasen de la gestión de la pandemia y otros malos muy malos que exigían que todo siguiese como siempre, pasando por caja y asumiendo las condiciones de recibir dinero prestado, fuese para rescatar bancos o personas. Se estimaba que harían falta entre 1,5 y 3 billones de euros para relanzar la economía europea tras el shock vírico. Al final se acordaron 750.000, pero el manchón de los recortes quedó bien disimulado por el quitamanchas de otro anuncio: solo un tercio serían préstamos reembolsables al uso y los dos tercios restantes transferencias directas.

“Los eurobonos han vencido al MEDE”, gritaban algunos, mientras Merkel, Rutte y compañía se paseaban por platós y redacciones afirmando lo contrario y asegurando que no habrá dinero sin condicionalidad. O sea que ya ni siquiera estamos hablando de que, sin mutualización, las transferencias de hoy serán las deudas de mañana y el billete de regreso de los hombres de negro. Es que puede que no tengan ni que esperar tanto según cómo termine el Consejo de estos días. Pero aún hay más: si no hay bonos europeos ni nuevos impuestos (“recursos”) que lo financien, ¿de dónde saldrá el dinero para ese Plan de Recuperación? Pues basta con fijarse en el subtítulo del Consejo que empieza hoy: la mención al “nuevo presupuesto de la UE a largo plazo” no indica que vayan a abordar esta otra cuestión en el punto de Varios, después del café del sábado tarde, sino que ambos asuntos están íntimamente ligados.

El timo de la estampita a escala europea. ¿Quieres fondos? Espérate que recorto unos pocos y te traigo un ramo bien hermoso ¿Y de dónde se recortará? Pues de nuevo todo apunta a que PAC y Fondos de Cohesión

Para resumirlo crudamente: todo apunta a que el dinero del Plan de Recuperación saldrá del presupuesto europeo. O sea, que se recortará de unas partidas para engordar este nuevo instrumento. El timo de la estampita a escala europea. ¿Quieres fondos? Espérate que recorto unos pocos y te traigo un ramo bien hermoso. ¿Y de dónde se recortará? Pues de nuevo todo apunta a que PAC y Fondos de Cohesión serán los principales graneros del nuevo pastel. Precisamente dos de las partidas que más benefician a los países más golpeados por la pandemia, además de reivindicación austeritaria histórica de los famosos frugales. ¿Casualidad? Pues tanta como que encima de la mesa está la propuesta de que estos últimos aporten menos al presupuesto comunitario. Así que países como España recibirán dinero, aún no sabemos cuánto en forma de futuras deudas y futuribles recortes, de un nuevo fondo pero dejarán de recibir otro tanto de viejos fondos. En otras palabras: un pan con dos tortas como merienda después de un espectáculo de trileros. En unas horas sabremos cómo queda el menú.



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