Obituario | Recordando a Manolis Glezos – El Salto


Lunes 30 de marzo. Mediodía. La noticia de la muerte del partisano griego Manolis Glezos nos coge por sorpresa. Como casi siempre pasa con la muerte. Recordándonos de paso por enésima vez la fragilidad de la vida humana. Aunque para muchas de nosotras su nombre era sinónimo de inmortalidad (αθανασία en griego). Tanto que hoy nos preguntamos: ¿de verdad solo tenía 98 años? Por la tarde los balcones de Grecia se llenan de música en homenaje a su figura. Y qué figura.

Manolis Glezos ha estado presente en prácticamente todas las luchas de su pueblo desde hace casi un siglo, dejando una huella profunda en la historia contemporánea de Grecia. Un símbolo de la lucha por la libertad, la resistencia al fascismo, la dictadura militar y, recientemente, contra las medidas austericidas de la Troika. Y aunque nada puede sustituir su ausencia, nos deja su política de acción como legado, como recordatorio, como rastro para seguir luchando.

Manolis Glezos era Un símbolo de la lucha por la libertad, la resistencia al fascismo, la dictadura militar y, recientemente, contra las medidas austericidas de la Troika

Con apenas 19 años fue protagonista de uno de los actos de dignidad y desobediencia política más importantes en la II Guerra Mundial. Junto con Apostolos Santas, retiraron la bandera nazi de la Acrópolis el 30 de mayo de 1941. Una acción que se convirtió en un símbolo de la resistencia contra la ocupación y que les valió a ambos una condena a muerte. A lo largo de su vida fue condenado 28 veces, tres de ellas a muerte, pasando en total 16 años entre cárceles y exilio.

Además de en la Resistencia griega, en las filas del Ejército Popular Nacional contra la ocupación nazi, Manolis Glezos participó activamente en la posterior guerra civil que azotó Grecia, escenario de uno de los primeros episodios de la Guerra Fría. Una de tantas veces que defendió la democracia a lo largo de su vida. También desde los escaños del parlamento griego, desde donde reivindicó indemnizaciones de guerra a Alemania, entre otras muchas cosas.

Su primera acta de diputado la consiguió en 1951 desde prisión por la Izquierda Democrática Unida. A pesar de ello, no consiguió salir en libertad hasta 1954, después de varias huelgas de hambre. Su último cargo público fue de eurodiputado por Syriza en 2014, obtenido con un récord histórico de votos. En el Parlamento Europeo tuve el honor de conocerle y trabajar con él precisamente durante unos años en los que su querida Grecia volvía a levantarse, esta vez contra la ocupación de los hombres de negro de la Troika.

Siempre recordaremos a ese hombre que no perdía oportunidad de aportar en los debates y que no tenía miedo de decir su opinión alta y clara

Siempre recordaremos a ese hombre que no perdía oportunidad de aportar en los debates y que no tenía miedo de decir su opinión alta y clara. Esa actitud indomable que le acompañó hasta sus últimos momentos en política, abandonando Syriza tras la firma del Tercer Memorándum con la Troika, y encabezando la creación de un nuevo proyecto político, Unidad Popular, que intentaría levantar la bandera de la resistencia a la austeridad después de la capitulación de Syriza.

Pero más que como parlamentario, la memoria popular le recordará siempre con ese pelo y bigote blanco, con esa gorra de pescador, participando en las grandes manifestaciones de 2012 contra el memorándum y la austeridad. Le recordaremos con esa sonrisa inmortal que opinaba sin tapujos, ya fuera en el partido, en las reuniones de eurodiputados de la izquierda europea, en las asambleas de los barrios de Atenas y Pireo, o en las aulas escolares cuando explicaba a las y los niños que no existen los héroes y que la resistencia es en realidad un acto humilde, una praxis que cualquiera de ellos puede practicar.

Le recordaremos con esa sonrisa inmortal que opinaba sin tapujos, ya fuera en el partido, en las reuniones de eurodiputados, en las asambleas de los barrios o en las aulas escolares

Durante los últimos años de su larga vida, y a pesar de que su salud no era la mejor, no faltó nunca a los momentos cruciales de su pueblo. Ya fuese al lado de Magda Fysa, madre del rapero antifascista asesinado por Amanecer Dorado, o defendiendo los derechos de migrantes y refugiados.

Cuando le preguntaban cuál era el secreto de su longevidad y de su energía desbordante, Manolis, como poeta que también era, solía responder:

“Vivo por mis compañeros que se perdieron. Si tú vives, no me olvides. Antes de cada lucha, nos reuníamos y charlábamos. Y decíamos. Si tú vives, no me olvides. Si no te matan, cuando te encuentres por la calle con gente dirás buenos días, y cuando bebas vino, beberás vino también por mí…Y cuando bailes, bailarás también por mí. ¡Cómo puedo yo olvidar a esa gente! ¿Es posible?”

Pues te prometemos, Manolis, que lucharemos también por ti, beberemos también por ti, soñaremos un mundo nuevo también por ti. Y no te olvidaremos. Que la tierra te sea leve.





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