Luz de Perpin | Espaa


De bajofranquismo a este presente de nacionalismo desbocados, el otro lado de la frontera ha sido lugar para las paradojas de Espaa.


El ex presidente de la Generalitat Carles Puigdemont (d) y los ex ‘consellers’ Toni Comn y Clara Ponsat durante el mitin celebrado en Perpin.
DAVID BORRAT / EFE

San Juan de Luz en el Pas Vasco-francs, tambin llamado Euskadi Norte o Iparralde, y Perpin, capital del Roselln o de los Pirineos Orientales, se convirtieron en lugares de peregrinacin durante el bajofranquismo para miles de espaoles que pasaban la frontera para ver El ltimo tango en Pars.

En San Juan de Luz encontraron la muerte en 1973 Jos Humberto Fouz, Jorge Juan G Carneiro y Fernando Quiroga, tres jvenes gallegos que iban al cine y fueron secuestrados y asesinados por una banda que los tom por policas.

Perpin fue el lugar en el que Josu Ternera y Mikel Antza quedaron a almorzar en enero de 2004 con Carod-Rovira, entonces conseller en cap de Maragall. Y qu comieron si puede saberse? Escudella i carn d’olla, mongetes amb butifarra? Nada de eso: una genuina paella espaola, creo recordar que de marisco.

Hemos entrado en Catalua, deca el prfugo en el mitin del sbado, pero ellos mismos no estaban seguros del terreno que pisaban. Incomprensiblemente, los ardorosos independentistas hacan cola ante una churrera que expona su mercanca con letras rojas sobre fondo amarillo: Churros. Spcialit espagnole. Qu le vamos a hacer, desencuentros geogrficos del populismo. Y no solo en el plano culinario. El nmero indeterminado de asistentes al festejo de Perpin (entre los 45.000 de Dola Catalunya hasta los 200.000 que les adjudicaba generosamente el diario nacionalista Deia), mayoritariamente de JxCat gritaban Unidad como un solo hombre (y una sola mujer). Sin embargo cuando el preso Oriol Junqueras intervino en el mitin a travs de un vdeo, la mayor parte de los asistentes empez a abuchearlo en cuanto oy su voz.

El nacionalismo es un animal cainita que se alimenta de sus propios socios, esto no es de ahora. Jos Montilla, el sucesor de Maragall en la Generalidad, fue abucheado y corrido a barretinazos de la manifestacin que l mismo haba convocado en julio de 2010 para protestar por el fallo del Tribunal Constitucional contra el Estatut, a los gritos de trador, botifler y volem un altre president.

Montilla era uno de ellos. Como Junqueras era uno de los de Puigdemont. Como los hermanos Maragall. Tengo yo para no olvidar los brincos jubilosos de Pasqual en el Palau Sant Jordi el 13 de noviembre de 2003, cuando Zapatero hizo la promesa majadera con la que empez todo: Apoyar la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento de Catalua.

Un mes ms tarde firmaban todos en alegre algaraba uno de los documentos ms infames y excluyentes de la democracia espaola, el Pacto del Tinell, comparable al acuerdo que el PNV y EA firmaron con la banda terrorista en el prtico del Pacto de Estella.

Aquel Estatut fue un empeo de Maragall que nadie reclamaba, ni siquiera Pujol, que para aprobar los presupuestos a cualquiera de los dos partidos partidos nacionales le bastaba poner el cazo a la manera del capitn Renault en Casablanca. El PSC est en el origen de todo. Es al partido de los socialistas catalanes a quien habra que aplicar la Ley de Partidos.

Puigdemont triunf el sbado en Perpin con una pelcula clasificada x, con la presencia estelar de Clara Ponsat, la violencia y la burricie, y Antoni Comn. El Gobierno espaol no se dio por aludido. Ni el partido que lo sustenta. Ni el Gobierno francs. Quedan lejos tiempos en los que el recin designado delegado del Gobierno en Euskadi, Ramn Juregui, hizo traducir al francs el Estatuto de Guernica para envirselo a los alcaldes del PSF, que ya entonces eran tan comprensivos como el de Perpin, e invitarles a que lo compararan con el nivel autonmico del Pas vasco-francs.

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