Franco Duva Dala: Carolina del Sur, el ahora o nunca de Joe Biden | Internacional


El mejor pollo frito de Carolina del Sur se sirve en el 1068 de Morrison Drive. Algunos críticos gastronómicos han escrito en medios nacionales que es de los mejores de todo el país. Lillie Gadsden saluda a sus comensales en su humilde restaurante, pintado todo de rosa chicle. Su madre, Martha Lou, abrió en 1983 este negocio familiar especializado en soul food (comida casera sureña afroamericana). Y desde que murió, Lillie y su hermana se encargan de él.

El lugar con el mejor pollo frito de Carolina del Sur
/ MARTA DEL VADO

El hilo musical lo pone una radio escacharrada que hace parecer el sitio más antiguo de lo que es. En la pared del fondo, una foto tamaño póster de Martin Luther King del día en el que dio su famoso discurso “I have dream”. Varias fotos, cuento más de siete, de Barak y Michelle Obama. Otra de Kobe Bryant y su hija Gianna y un pequeño cartel enmarcado con una frase: “Without struggle, there is no progress”. “Sin lucha no hay progreso”, mantra de la liberación afroamericana en Estados Unidos.

Lillie sabe que soy extranjera nada más verme. “¿Es la primera vez que pruebas la soul food?”. “Sí”, le digo, “es mi primera vez en Carolina del Sur”. “¿Comes de todo?”, se quiere asegurar. “De todo”.

Cuando me trae una bandeja con pollo frito, guiso de alubias con lima, macarrones con queso y col guisada, presume: This is the real soul food, la “verdadera” comida sureña.

Son las tres de la tarde –voy con horario español- y solo hay otro hombre comiendo en una esquina. Lillie tiene tiempo de charlar. “¿Echa de menos a Obama?”. “Oh, sí. Mucho”, dice con una carcajada que ocupa todo el restaurante. “Pero el siguiente presidente que tengamos será mejor que el que hay ahora. Ojalá”.

Lillie Gadsden
/ MARTA DEL VADO

Su candidato favorito es Joe Biden. “Confío en él”, dice sin titubeos. “Cumplirá las promesas que hace relacionadas con la atención médica, la creación de empleo y la reducción de las desigualdades”. No son temas casuales los que indica Lillie, son las principales debilidades del séptimo estado más pobre de Estados Unidos.

El 65% de los votantes demócratas en Carolina del Sur son negros. Y según las encuestas la gran mayoría apoyan a Biden, a quien relacionan con Barak Obama por su etapa como vicepresidente. Por primera vez, un porcentaje importante de la comunidad afroamericana va a ser determinante en unas primarias estatales. Por primera vez, Biden tiene la oportunidad de ganar un estado, con un 29% de los apoyos. Una victoria que le dará oxígeno (visibilidad y recaudación de fondos) de cara al supermartes, el 3 de marzo. Pero si pierde en este estado, su carrera presidencial estaría acabada.

Bernie Sanders es su mayor amenaza. Ha ido mejorando sus resultados en un estado que perdió en 2016 frente a Hillary Clinton. El senador de Vermont lleva meses trabajando para ganarse a la comunidad negra. Las encuestas le sitúan en segunda posición, con un 20%. Si logra ese resultado, Sanders arrastraría su momentum al supermartes. Pero si ganara, se consolidaría como líder indiscutible de la carrera electoral.

El multimillonario Tom Steyer, el segundo preferido de Lillie, va tercero en las encuestas con el 16% de los apoyos. Este empresario, que no ha conseguido ni un solo delegado hasta ahora, se ha gastado casi 19 millones de dólares en anuncios de televisión solo en Carolina del Sur. Biden y Sanders, menos de un millón cada uno.

Los candidatos han celebrado decenas de eventos en los últimos días en iglesias, teatros, institutos y parques porque saben que la única forma de ganar aquí, donde Donald Trump arrasó hace cuatro años, es movilizar a quienes se quedaron en sus casas entonces y a los jóvenes que votan por primera vez ahora. Los surcarolinos están yendo ya a las urnas. La gente que sale de los colegios electorales lleva su pegatina azul que lo indica: “I voted” (He votado).

Lillie votará. Para ella, cualquiera de los candidatos demócratas es mejor que Donald Trump. “Espero y rezo para que no gane”. Asegura que todos los jóvenes que conoce. “No queremos más hostilidad y racismo. No lo necesitamos”.

Un hombre entra de repente en el restaurante e interrumpe la conversación. El señor que come en la esquina le reconoce, es el famoso presentador de CNN Chris Cuomo. Pregunta si están a tiempo de comer, son cuatro personas. Lillie se levanta a atenderles. Cuomo me mira: “¿Se come bien?”. “El mejor pollo frito que he probado hasta ahora”, le digo.

Mientras guardo el micrófono y los cables en la mochila, suena Elvis Presley en la radio: “It’s now or never…”. Espero a que salga Lilie para despedirme. Me da la mano y me susurra: “Biden va a ganar”. La canción sigue: “tomorrow, will be too late, it’s now or never…”. “Es mi number one”, dice sonriendo mientras vuelve a la freidora.



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